Tuesday, April 8, 2008

Mi bella Cuba

Recuerdo la calidez de las calles de la Habana vieja cuando pretendia ser turista en mi propio pais, pero era inutil. La brisa marina me reconocia como hija y despeinaba mis cabellos al caminar sobre las geometricas aguas de adoquines. Buscaba mis raices, respirando la humedad, jugando a adivinar la proxima flor que creceria entre las grietas de los ladrillos de la vieja catedral. Esa era yo. Un duende perdido entre paredes y brisas de otros tiempos. Muchas cosas me preguntaba; por que las mujeres vestian como en tiempos de la colonizacion para ser retratadas con turistas? Extranarian el tiempo de exclavitud?


Es una revolucion de artistas sin firma lo que se observa si uno se aventura entre los artesanos de la Catedral. Junto a aromas a madera fresca, vez rostros humildes que acompanan esculpturas con suaves razgos africanos, tal como tallados con los dedos de Dios. Estos rostros de ingenieros, pintores, arquitectos y desocupados tal parece que no saben de su ingenio. Insisten en vender sus creaciones a los visitantes que entre naravillas no saben que escoger. Muchos se han convertido en artistas porque necesitan dinero. Sus manos que antes ojeaban paginas de fisica mecanica ahora entretienen a turistas con artesanias casuales. Sin duda los ideales del ser humano cambian cuando las necesidades basicas no estan satisfechas, cuando sus estomagos crujen como bestias. Despues de sonar con carreras exitosas, un dia despertarorn con la simple necesidad de comer, y vestirse. solo eso y nada mas. Se vieron obligados a descubrir un sin fin de creativas manas en ellos, porque sus estomagos crujian como bestias. Realmente somos criaturas simples.


Todos traen sus tesoros al gran bazar de la plaza de la Catedral para ganarse unos centavos. Algunos traen los libros de sus heroes de infancia, libros sobre el Che y Marti que ya no le dan valor. A otros les bastan sus dotes musicales para impresionar al publico y con guitarras ardientes le cantan a la belleza de su tierra y mujeres.


Al doblar la esquina de la Catedral de La Habana se encuentra la Basilica Menor de un tal santo “Francisco de Asis”, una de mis memorias inolvidables. Se esconde de la multitud y sirve re refugio a pensadores solitarios. Recuerdo que al entrar, hasta mis pies se extendian figuras cubistas coloreadas por los vitrales de fondo y casi alcanzaba a ver las siluetas de monjes disfrutando la paz del silencio entre el viejo claustro de columnas toscanas. En alguna enciclopedia lei que una mantra sutil de cantos religiosos se hospedaba en este lugar, y su eco, atrapado por las columnas ingeniosamante disenadas, permanecia prisionero.


Hoy muchos ya no piensan en historia, arte ni ciencia, pero el aliento a Habana vieja les alimenta el alma. Ahora solo se sientan por doquier a hablar de temas prohibidos, o caminan por las calles roidas con un ojo en el suelo y otro en en cielo, temiendo que un vecino los bautice con agua infernal desde algun balcon. En cambio, los ninos, ajenos a las preocupaciones humanas, corretean por la callejuelas tropezando con los transeuntes y vendiendo Habanos a los turistas como les encargo su madre.


No es extrano tropezar con un historiador del arte que sufre en ricones la prostitucion de la vieja Habana, o un loco pregonando insensateces. Como explicar que en los balocones de marmol donde antes se sentaban senoras de tercipelo ahora se sientan viejas desdentadas? “Ironia”, se llama esta pagina de la hisotria. No les son utiles los muebles de caoba y cedro or el piso de marmol negro a estas senoras que anoran comida. Con cucharas de plata beben una sopa de agua azucarada en la manana y agua salada en la noche.


Es esta cultura descavellada la que le da la magia a la Habana, donde cada persona es un brochazo de un impresionista llamado Orate. “Gris, que te quiero Gris”, diria Garcia Lorca si visitara mi pais. Siempre te recordare.